viernes, abril 24, 2009

CABALLERO SIN ESPADA, de Frank Capra

Esta semana hubo un empate en la encuesta que realizamos en la web. Quedaron igualadas a votos, "Caballero sin Espada" y "Matar a un Ruiseñor".

Como nos vemos obligados a comentar las dos, he optado por comenzar por la primera, "Caballero sin Espada", o como dice su título original: Mr Smith goes to Washington.


Este film fue dirigido en 1939 por el gran Fran Capra y protagonizado por James Stewart (impresionante su interpretación del personaje, con los cambios de registro), Jean Arthur, Claude Rains y Thomas Mitchell.

No hay lugar a duda de que ese año fue muy importante en la carrera de Thomas Mitchell, el cual apareció en tres películas importantes: Lo que el Viento se Llevó, Caballero sin Espada y La Diligencia, siendo esta última con la que obtuvo el Oscar.

Uff,..... ¡¡que gran año para el Cine fue 1939!!.

Ese año estaban nominados para los Oscars películas como “El Mago de Oz”, “La Diligencia”, “Cumbres Borrascosas”, “Tu y Yo”, “Adiós, Mister Chips”, “Amarga Victoria”, “Lo que el Viento se Llevó” y por supuesto, “Caballero sin Espada”.


Y si, todos sabemos que “Lo que el viento se Llevó” arrasó ese año con las estatuillas, pero se nos antoja un poco injusto que esta genial cinta de Capra solo se llevara un Oscar al mejor argumento original.



Si obviamos el sentido patriótico americano (con su Constitución) que está presente a lo largo de toda la narración, nos queda un film atemporal, el cual podemos situar en cualquier momento de la Historia, y por supuesto, en cualquier nación del mundo.

Y es que por mucho que nos pese, el trasfondo de su argumento (la corrupción política y periodística) siempre estará de rabiosa actualidad en nuestra sociedad, y aquí no me refiero a ningún país en concreto, sino a todos.

Nada más empezar nos encontramos con la muerte de un senador, al cual hay que buscarle un sustituto que tenga gancho electoral y que al mismo tiempo sea capaz de supeditarse a las decisiones controvertidas (ya tomadas) por sus colegas de partido, los cuales están comprados por empresarios ávidos de poder.



El elegido es Jefferson Smith (James Stuart)un inocente y joven idealista, pero con férreos principios morales.

Al principio, el personaje nos despierta simpatía, quizás ternura, por su forma de ser tan natural, como ese familiar del pueblo que nunca ha pisado una gran ciudad y que en cuanto lo hace, todo sus gestos son demasiado grandilocuentes.

Su secretaria, la señorita Saunders (magistralmente interpretada por Jean Arthur) sufrirá un profunda transformación a lo largo de la película. De observar a su jefe de manera cínica y escéptica, pasará a enamorarse ciegamente de él.



Probablemente, Frank Capra quería con este personaje, establecer cierta analogía con el espectador, ya que al igual que Saunders, nosotros no podemos creer que alguien como Smith, tan pardillo, pueda existir. En todo momento queremos decirle lo equivocado que está, pero no sabemos buscar la ocasión propicia para ello. Y al final acabamos enganchados a su batalla contra el sistema corrupto al cual se enfrenta.

Todo ello, porque después de pasar esa etapa de ensoñamiento inicial, se da cuenta que su principal valedor, el senador Joseph Harrison (Claude Rains), está totalmente comprado por un ambicioso empresario, Jim Taylor (Edward Arnold), que pretende construir una presa en el condado natal de Smith. Lo tiene controlado hasta tal punto, que los últimos 20 años de su carrera política, han sido diseñados y dirigidos escrupulosamente por Taylor.

La decepción es enorme, ya que Taylor era un ídolo del propio Smith, a consecuencia de las alabanzas que sobre él hizo su padre, gracias a una amistad que les unió durante muchos años.

A partir de aquí asistiremos a un lucha política, en la cual Smith tendrá que convencer a toda la cámara del Senado de las intenciones del honorable Harrison. Y aunque tendrá a todos los periódicos en contra, disfrutará del apoyo incondicional de todos los niños del país, y en concreto del grupo de boyscouts de su condado, los cuales distribuyen un pequeño periódico local.

Esta película, como ya comenté al principio, sigue siendo actual y probablemente lo será también dentro de 50 años.

Y es que en la situación actual en que nos encontramos con la crisis económica internacional, la corrupción existente en todos los estamentos, los intereses contrapuestos entre los gobernantes y el pueblo, la falta de valores entre la juventud.....merece la pena ver este film, aunque solo sea para remover nuestras conciencias.


Todos queremos ser o conocer un Jefferson Smith, pero de ahí a la realidad suele haber una distancia abismal. Y es que no basta con querer ser algo, sino que además hay que predicar con el ejemplo de uno mismo, y ser firme en tus decisiones.

Como decía el personaje principal en varios momentos de la película:

"Las causas perdidas son las únicas por las que merece la pena luchar"

Y es que esta película es una fábula para adultos, con moraleja incluida, que en muchos momentos nos sonroja por los aspectos tan simples de entender, pero a la vez tan difíciles de ejecutar.

3 comentarios:

u2astur dijo...

excelente análisis de una obra maestra que todo el mundo debería revisar cada cierto tiempo.Imprescindible.

Nerull dijo...

Muy buen análisis de la película.
Yo por mi parte decir que es de mis preferidas. James Stewart está magistral, con una escena final de las que desafortunadamente ya no vemos en el cine y que debería ir incluida en una hipotética cápsula del tiempo cinematográfica.

Cechave dijo...

Efectívamente, coincido con vosotros dos, de que esta obra maestra debería ser de obligado visionado para todo el mundo.

Y como bien dices, Nerull, si existiese una hipotética cápsula del tiempo, tendría que contener una copia de este film.

Saludos a los dos.